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El gesto de la extensión de las manos en la oración colecta (y en las demás)

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En la edición del Misal Romano con el texto unificado en lengua española del Ordinario de la Misa, Coeditores litúrgicos, 1993, p. 424, aparece la palabra Oremos señalando luego las distintas terminaciones, y la rúbrica “con las manos extendidas”, sin indicar que han de juntarse al comenzar la conclusión. Tampoco se dice nada en la Ordenación General del Misal Romano, n. 32, p. 38-39, que encabeza esa misma edición del Misal. Pero esta rúbrica de juntar las manos parece que viene de antiguo, pues en el Ritus servandus in celebratione Missae, del Missale Romanum… Barcinone MCMXLVI, p. XXXIII, cuando trata De Oratione, apartado V, leemos: al decir “Oremus, tum extendit manus…”, luego “Cum dicit: Per Dominum nostrum, jungit manus, easque junctas tenet usque ad finem”. Es tan antigua esta rúbrica que ya aparece en la Editio Princeps (1570) del Missale Romanum, como se puede comprobar en la Edizione anastatica, Introduzione e Appendice a cura di Manlio Sodi – Achille Maria Triacca, Città del Vaticano 1998, p. 11.

Ahora bien, si se consulta el Ordo Missae del Missale Romanum, editio typica tertia, A.D. MMII, p. 510, leemos en la rúbrica que sigue a la invitación

Oremus

Et omnes una cum sacerdote per aliquod temporis spatium in silentio orant.

Tunc sacerdos, manibus extensis, dicit orationem collectam, qua expleta, populus acclamat: Amen.

El mismo texto aparece recogido en el Appendix Missalis Romani. Subsidio del Misal Romano en su edición oficial en lengua española para España según la tercera edición típica latina (2016). Libros Litúrgicos A.D. MMXVI, p. 9.

La traducción de esta rúbrica sigue al pie de la letra el texto latino, solo que añade una coletilla que no aparece en la edición latina, o sea, que la conclusión larga  se ha de hacer “con las manos juntas”. Esta indicación aparece también en la oración sobre las ofrendas y en la de poscomunión, siempre en la edición castellana, no en la latina.

En la IGMR 54 es donde se dice cómo ha de ser la terminación larga (no en el Ordo Missae) y la unión del pueblo a esta súplica haciéndola suya con el Amén.

En el Appendix Missalis Romani propone algunos Formularia Missarum y en ellos la oración colecta aparece íntegra, es decir, con la conclusión larga formando parte de ella en sus diversas formas de conclusión (pp. 54ss.), como en la última edición del Libro de la Sede.

O sea, que ese añadido de juntar las manos en la conclusión no está en la edición latina, la cual da a entender que con el “qua expleta”, se refiere a toda la oración, de la que forma parte decisiva la intercesión del Mediador.

Ignoro si este “añadido” es una creatividad legítima del Misal Romano en español, siguiendo la editio prínceps del Misal Romano de 1570, o está presente también en las demás traducciones en lengua vernácula de la tercera edición típica.  En todo caso, me parece más expresivo el gesto de la extensión de las manos abarcando toda la oración. Más que nada, porque la constitución de liturgia SC 50 pedía que, al revisar el ordinario de la Misa, “se simplifiquen los ritos, conservando con cuidado las sustancia; suprímanse aquellas cosas menos útiles que con el correr del tiempo se han duplicado o añadido”.  Extender y juntar las manos…, más habría que insistir, creo yo, en lograr que el pueblo de Dios haga oración cuando se le invita a ello.

José María de Miguel González, OSST

XLIV JORNADAS DE LA AEPL

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Jaume González Padrós

Quiero dar la bienvenida a todos los que, con vuestra presencia, honráis estas cuadragésimo cuartas Jornadas de nuestra Asociación.

Un saludo particular a los que aceptasteis acompañar estos días con vuestra reflexión. Al Dr. Emilio José Justo Domínguez, de la Universidad Pontificia de Salamanca, quien abrirá las Jornadas desde la perspectiva antropológica, e iluminará esta íntima relación entre la corporalidad cristiana y la experiencia litúrgica. Al Dr. Guillermo Juan Morado, de los Institutos Teológicos de Vigo y de Santiago de Compostela. Desde la Teología Fundamental, su especialidad, nos prestará el servicio de poner en claro la relación necesaria entre la fe y la ritualidad. Así mismo, un saludo al Dr. Alfonso Berlanga Gaona, que, desde la Universidad de Navarra, ahondará en el tema central que no podemos ni queremos abandonar, de la sacramentalidad, esta vez desde la perspectiva del gesto litúrgico y el simbolismo. En la última ponencia, que tendrá lugar el próximo jueves, Dios mediante, daremos la palabra a expertos en el arte de la imagen, de la representación expresiva: a don Pablo Moreno, director de cine, y a don Juan Carlos Sánchez, rector del seminario de Ciudad Rodrigo. Su experiencia en este campo nos será de gran utilidad; estamos seguros.

A estas conferencias acompañan el trabajo tres seminarios que tendrán lugar esta tarde, sobre cuestiones fundamentales en lo que a la expresión celebrativa se refiere: el silencio, las rúbricas y el espacio litúrgico, de la mano experta de los doctores Antonio Lara, Adolfo Ivorra y Francisco Raya, respectivamente.

A todos vosotros, queridos colegas, mi agradecimiento personal y el de la Junta, con el de todos los presentes.

Así mismo, saludo cordialmente a los hermanos que, desde Ecuador, han querido estar con nosotros, a fin de conocer la dinámica interna de la Asociación. Al Sr. Klever Ramiro Villareal Villareal, director del Secretariado de Liturgia, de la Comisión Episcopal de Liturgia de la Conferencia de Obispos de Ecuador, y a los dos presbíteros que lo acompañan: don Francisco Jesús Valle Calle, miembro de la Asociación de liturgistas de las diócesis ecuatorianas, y don Froilán Serrano, del cabildo de la catedral de Quito. Espero que su estancia entre nosotros sea provechosa y, a partir de aquí, podamos estrechar lazos entre las dos Asociaciones de liturgistas, para un mejor servicio a nuestras Iglesias particulares.

El tema que nos ocupa estos días me provoca una especial satisfacción. Todos sabéis que llevo años, tanto en mis comunicaciones escritas como orales, insistiendo en la necesidad  de una expresión verdadera en las celebraciones. Y lo hago porque, así mismo, yo lo recibí. Quiero aquí recordar especialmente al Dr. Pere Farnés; en sus clases de liturgia y en sus escritos varios, no se cansaba de subrayar la importancia de celebrar con expresividad. De él aprendimos muchos que, en la liturgia celebrada, no es suficiente que las cosas sean lo que son, sino que su identidad debe aparecer exteriormente en la autenticidad más pura. Y junto con el profesor Farnés, también otros de la misma escuela, insistían, a su manera, en la importancia pastoral de lo que se ha llamado con propiedad el ars celebrandi. ¡Cuánto echamos de menos a estos nuestros maestros! ¡Qué lástima que no hubiesen sido tomados más en serio y escuchados con más atención!

Pero no sólo los liturgistas nos damos cuenta de la necesidad de una expresión pulcra en el arte de la oración eclesial. Pensemos en el filósofo católico y académico francés, el gran Jean Guitton. En sus Diálogos con Pablo VI, y sin dejar de admirar la figura de su amigo papa, escribía:

«Entonces ¿qué es la liturgia? Si me preguntasen, diría que la liturgia, bajo su forma lejana, es una elegancia, una lentitud, una dignidad de lo que se hace. La liturgia es también unas costumbres elevadas hasta lo sagrado; es un orden en los detalles de la vida, es una solemnidad aun en el camino que se hace para ir del cuarto al despacho. Es la tranquilidad de las cosas muy en orden, que se manifiesta en las abadías de San Benito, donde la palabra PAX irradia sobre los objetos de uso como sobre los minutos perdidos. Es también el temor a los cambios, el cuidado de colocar en esta vida fugitiva algo duradero, y, por ejemplo, cuando se escribe, tener una pluma limpia, un papel liso, y en el papel márgenes, y en la letra rasgos inútiles».[1]

Guitton sabe que no está hablando desde la teología, ni siquiera en términos de espiritualidad propiamente. Por eso dice «bajo su forma lejana». Pero aunque sea «lejana», esta «forma» a la que se refiere, tiene una gran importancia para el homo liturgicus. Porque en la celebración, aquello que parecía estar lejos se acerca espontáneamente, necesariamente.

El filósofo ha captado, en la escuela del papa Montini, que celebrar litúrgicamente es algo que se lleva dentro, que marca al celebrante, que lo convierte en un ser sin divisiones esquizofrénicas entre lo material y lo espiritual. Que sabe ir de lo interior a lo exterior, y al revés, sin disiparse ni encerrarse, sin derramamiento de los sentidos ni intimismos narcisistas y estériles. En definitiva, se trata de saborear anticipadamente la paz eterna que se nos ha anunciado. Así lo explica Guitton:

«Pablo VI tiene gestos vivos, pero cuando escribe, escribe con aplicación, como un escolar; cada trazo está querido por él mismo. Tener sentido litúrgico, es vivir en un tiempo distendido, de tipo monástico, en que cada minuto, separado del otro, cuenta por sí mismo como si encerrara una pequeña eternidad. Es respirar lentamente, mirado por ángeles que sonríen».[2]

El gran académico, contemplativo, hombre de fe, comprendió, desde lo hondo de la realidad humana creyente, cual es el espíritu de la liturgia.

Este espíritu que nos describió espléndidamente otro grande del siglo pasado: Romano Guardini. Además de su clásica obra del 1918,[3] conocida por todos, nunca podré olvidar la descripción que hace de su visita a Monreale, en la semana santa del lejano 1929, acudiendo a los oficios de la bellísima catedral, aurea por sus mosaicos indescriptibles.

Por primera vez entra en la iglesia durante la misa crismal; es jueves santo. Los ojos del teólogo contemplan, y afirma:

«Cuando llevaron los santos óleos a la sacristía la catedral se reanimó, mientras la procesión se desplegaba a través de aquella multitud de figuras, acompañada por la insistente melodía del antiguo himno.           Sus formas se movieron. Entrando en relación con las personas que avanzaban con solemnidad, al florecer las vestiduras y los colores en las paredes y en las arcadas, los espacios se pusieron en movimiento. Los espacios salieron al encuentro de los oídos atentos a escuchar y de los ojos a contemplar».[4]

Y es a partir de la contemplación armónica de los ritos ejecutados con precisión, de las vestiduras solemnes, de los colores, del espacio basilical y del pueblo que escuchaba y, especialmente, miraba, que concluye nuestro autor:

«Entonces me resultó claro cuál es el fundamento de una verdadera piedad litúrgica: la capacidad de captar lo “santo” en la imagen y en su dinamismo».[5]

Guardini llega a esta conclusión porque, en las celebraciones contempladas, puede ver «imagen» y «dinamismo». No le resultó difícil observarlo en el modo de celebrar de aquellos sicilianos y en la manera de participar en los oficios sacros.

Tanto fue así, que llegó a concluir:

«Hay modos distintos de participación orante. Uno se realiza escuchando, hablando, gesticulando. El otro, en cambio, tiene lugar mirando. El primero es bueno, y nosotros los del Norte de Europa no conocemos otro. Pero hemos perdido algo que en Monreale todavía se daba: la capacidad de vivir-en-la-mirada, de estar en la “visión”, de acoger el sagrado de la forma y del acontecimiento, contemplando».[6]

Los fieles que se reunían bajo los espléndidos mosaicos de la catedral de Monreale podían «vivir-en-la-mirada», como observó Guardini, porque había algo que mirar. Y no sólo las paredes refulgentes de figuras y colores, sino en las mismas celebraciones sagradas, donde – como el observador describe en sus apuntes – el obispo y los ministros se movían según el rito lo exigiese, evitando, pues, estar limitados por un presbiterio – escenario, y convirtiendo toda la basílica en auténtico lugar de culto.

Los del «norte de Europa», como dice el profesor ítalo-alemán, no conocen otra forma de participar que escuchando, hablando, gesticulando. Pero han perdido la capacidad de «acoger el sagrado de la forma y del acontecimiento, contemplando». Es una pérdida terrible. Y no sólo para los del norte de Europa. ¿Irreparable? No lo sé, pero me parece claro que, a causa de este déficit, el cansancio se ha apoderado de nuestras asambleas de manera evidente, y allí donde no se presente ante los ojos de los fieles «el sagrado de la forma y del acontecimiento» para que puedan contemplar en participación plena, las celebraciones serán cada vez menos significativas, y se volverán mudas, sin nada que decir al corazón creado por Dios y que solo puede descansar en Dios.

Noventa años después de aquella semana santa, lo que describe Guardini se convierte para nosotros en una profética provocación. Es como si el profesor nos preguntase hoy: en vuestras celebraciones litúrgicas, ¿cómo expresáis la sacralidad de la forma ritual? ¿Cómo hacéis presente el acontecimiento redentor para que sea percibido como tal? ¿De qué manera celebráis, a fin de que los fieles puedan abandonarse en la mirada y contemplar la belleza espiritual que mana de lo Alto y los envuelve?

Durante nuestra reunión del año pasado, alguien, al proponer este tema que ahora nos ocupa, puso la siguiente imagen: es como si a una misa televisada le quitásemos el audio, y nos dedicásemos solamente a ver lo que ocurre. Es un ejercicio muy interesante. Se me ocurre otro: participar en una liturgia celebrada en una lengua absolutamente desconocida, de tal manera que solo puedas mirar. O también, hacer un estudio comparado, en la misma línea. Os propongo lo siguiente: dejar muda la televisión – o la pantalla del ordenador – y visionar una misa en rito romano y, acto seguido, una divina liturgia bizantina. Las dos completamente en silencio. Después de este ejercicio mi conclusión fue muy simple: los de rito romano tenemos un problema.

Sabemos que los genios de las diversas familias litúrgicas pueden ser muy distintos, y no abogamos en absoluto por un sincretismo hecho a la medida psicológica del famoso «hombre de hoy». Desde esta sede, sin embargo, no podemos dejar de proclamar la necesidad de un lenguaje no verbal que sea verdaderamente expresivo, abrazando sin complejos todo aquello que la antropología nos ha entregado en alma y cuerpo para orar a nuestro Dios, y sin escatimar nada a lo material de nuestra carnalidad porque, para redimirnos, el Verbo se hizo carne, y llegó hasta el fondo en este abrazo de encarnación, tomando incluso la condición de esclavo, humillándose hasta la muerte y muerte de cruz (cf. Flp 2, 7-8).

Los minimalismos en la expresión ritual dentro de las celebraciones litúrgicas echan su raíz en una sorda desconfianza hacia la encarnación de Dios. Los que hacen de nuestra liturgia romana una caricatura anoréxica, o los que la convierten en escenario de sus fantasías, nunca habrían escrito el capítulo segundo de la carta a los Filipenses. Para ellos sería suficiente que Dios se hubiese encarnado… «un poco». Digo esto porque estoy convencido que, en ello, nos jugamos la autenticidad de la professio fidei que debe ser cada acción litúrgica, ya que, como tendremos ocasión de ver estos días, fe y ritualidad son un matrimonio indisoluble.

Queridos colegas y amigos, espero que estos días viváis con gozo las Jornadas que empezamos, tanto por la actividad intelectual que buscamos, como por el consuelo de compartir nuestra fraternidad y amistad.

Recuerdo, llegados a este punto, que debemos pensar en la renovación de los miembros de nuestra Junta, que tendrá lugar en la Asamblea extraordinaria de mañana. Espero que todos pensemos creativamente, a la hora de escribir los nombres que consideremos más adecuados en las papeletas.

Agradecemos a los responsables de este Centro de Congresos «Fray Luis de León» en Guadarrama su acogida, y los miembros de la actual Junta esperamos que os encontréis a gusto aquí estos días.

Muchas gracias.                                          Guadarrama, 27-29 agosto 2019

[1] J. GUITTON, Diálogos con Pablo VI, Ed. Cristiandad, Madrid 1967, 166.

[2] Íbid., 167.

[3] R. GUARDINI, El espíritu de la liturgia, Col. Cuadernos Phase 100, Ed. CPL, Barcelona 1999.

[4] El texto original se encuentra en: R. Guardini, Spiegel und Gleichnis. Bilder und Gedanken, Grünewald-Schöningh, Mainz-Paderbon 1990, 158-161.

[5] Ibíd.

[6] Íbid.

PRESENTACIÓN DEL LIBRO SOBRE EL TÉRMINO MYSTERION, EN LA LITERATURA GRECO-CRISTIANA ANTERIOR A MELITÓN DE SARDES.

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Para mí ha sido como una aventura, la vivida en orden a la publicación de este libro. Había quedado durmiendo, en el pasado, el sueño de los no nacidos a la publicidad. Había sido confeccionado con un fuerte deseo de constituirse en tesis doctoral, siendo el director el P. Triacca. Comenzó como tesina con vistas a la tesis, pero tuvo que quedarse en tesina. Las exigencias de mi diócesis y del Obispo de entonces, me llevaron por los caminos de la enseñanza en el seminario y la formación de los seminaristas filósofos y teólogos.

Desde los años 71 hasta los 80, tuve que dedicarme de lleno al Seminario como formador y profesor de Liturgia y otras asignaturas cercanas. A pesar de que formulé más de una vez mi deseo de hacer la tesis, siempre encontré una negativa. Incluso se me prohibió hablar de ese proyecto. Pero no faltaron verdaderos amigos que me ayudaron en esos momentos difíciles e incluso, desde Roma me invitaron a no perder la esperanza de hacer la tesis. En los años 83/84 volví a pedir ir a Roma para dedicarme a la tesis y la respuesta fue cercana al sí. Con el diálogo y el apoyo de personas amigas logré que el Obispo aceptara que fuese a Roma por un cierto tiempo. No quería dejarme por el tiempo que necesitara. Yo iba pidiendo prórrogas…Sacerdotes amigos se ofrecían a sutituirme en Orense…

Pero, con la celebración del Concilio Pastoral de Galicia (1977…), mi interés temático para la tesis había cambiado. En el Concilio se pedía un estudio en profundidad de la religiosidad popular gallega, en orden a inculturarla cada vez más. Y aquel tema me caló hondo sintiendo una atracción irresistible por los lugares, los tiempos y las personas de la religiosidad gallega. En Roma, con la anuencia del P. Triacca, el sueño se iba haciendo realidad, sometiendo la religiosidad gallega a los criterios de la adaptación, presentes en los documentos del Vaticano II y de los libros litúrgicos reformados. Al P. Triacca le hubiera gustado que yo continuara el tema de la tesina, pero a mí me tiraba mucho lo de Galicia y ya estaba penetrado de la riqueza, sencillez y profundidad del alma gallega, sus grandes valores y sus interrogantes, ambiguedades, dichos llenos de sabiduría y refranes llenos de una filosofía y teología peculiar. En esta época el P. Triacca sufrió un infarto y yo estaba empezando la tesis. Dios quiso que lo superara y que  contara con su apoyo y orientación.

Esto era necesario comentarlo para entender lo del volumen que presento. Desde el año 73 (septiembre) en que presenté la tesina a Triacca, quedó en mi biblioteca hasta 2018. Los cargos pastorales, las clases, los compomisos de revistas, Jornadas y cursillos, me impidieron ocuparme de este trabajo que modestamente y comentado con el Padre Triacca, merecía ver la luz. Fue en febrero del 2018, hablando con Miguel Lirio y José Antonio Goñí en el Cento, cuando decidimos que me pusiera manos a la obra para poder publicarlo. Les quedé inmensamente agradecido. Le dediqué casi un año, tuve que refrescar el griego, aprender el método para escribirlo y gracias a Dios, he podido llegar a puerto. He tratado de actualizar algunas cosas, he añadido alguna bibliografía y he corregido algunos giros que considero mejoran la lectura. De este modo, aquella tesina pasa a ver la luz como volumen.

El volumen se estructura en: introducción, capítulo I: El concepto de “mysterion” en los Padres Apostólicos; II: Análisis y contenido  del termino “mysterion” en los Padres Apologístas; III: El concepto de “Mysterion” en la homilía “In Sanctum Pascha” del Pseudo-Hipólito; IV: El concepto de “mysterion” en el “Peri Pascha” de Melitón de Sardes y en los fragmentos de sus obras y síntesis final. He añadido un apéndice sintagmático (45 pp)  con los lugares de las obras tratadas, en los que se encuentran los términos: týpos en todas sus formas, parabolé en todas sus formas, semeión en sus diversas formas, eikón, eidos, symbolon, paradeigma con sus prefijos y formas distintas. Son los términos tipológicos complementarios y, en casos, próximos en significado al término mysterion.

En el capítulo I estudio las siguientes obras y Padres: la Didajé, Ignacio de Antioquía y la Carta a Diogneto. En el II: las Apologías y el Diálogo con Trifón san Justino, Taciano el sirio, Atenágoras de Atenas, Teófilo de Antioquía, y Hermias el filósofo. En el III estudio la homilía “In sanctum Pascha” del Pseudo-Hipólito; el capítulo IV estudia la homilía “Peri Pascha” de Melitón de Sardes y los fragmentos de sus obras. Al final de cada obra de las estudiadas he añadido una pequeña síntesis. El estudio, en cada una de estas obras, está orientado a precisar el contenido y sentido del concepto de “mysterion”. En la síntesis final (pp 146-153) hago esta exposición.

Quizás el mayor mérito de esta obra que tiene sus limitaciones es, el que sea un trabajo sobre los textos originales y en la lengua propia.

Doy las gracias al Centro de Pastoral litúrgica de Barcelona por haber aceptado esta publicación y a todos vosotros por haber  escuchado atentamente esta presentación.

 

Ramiro González Cougil

CRÓNICA de las XLIV Jornadas de la ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE PROFESORES DE LITURGIA 27-29 de agosto de 2019 Guadarrama (Madrid)

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Las XLIV Jornadas de la Asociación Española de Profesores de Liturgia comenzaron el pasado martes, 27 de septiembre de 2019 en el Centro de Congresos “Fray Luis de León”, en Guadarrama (Madrid), al pie de la sierra del mismo nombre. Lugar idóneo, no solo por sus instalaciones y jardines, sino también por la agradable temperatura que nos acompañó, en contraste con el calor asfixiante de este verano.

Los 67 inscritos, la mayoría miembros de la AEPL, provenientes de los cuatro puntos cardinales de nuestra geografía hispana, pudimos gozar del clima de convivencia fraternal y de unas excelentes ponencias, que con amenidad y profundidad nos iban ayudando a reflexionar sobre el tema escogido para esta edición de las Jornadas: El lenguaje no verbal en la liturgia.

Jalonando los tres días del Encuentro, las celebraciones litúrgicas, laudes por la mañana y vísperas y eucaristía al atardecer, presididas por diversos miembros de nuestra Asociación y concelebradas con fervor por todos los congregados, acompañaban y traducían en oración nuestra labor y nuestra profundización en los temas objeto de estudio.

En el acto inaugural de las Jornadas, nuestro presidente Dr. Jaume González Padrós, nos saludó cordialmente, y subrayó la necesidad permanente de conseguir en nuestras celebraciones una expresividad verdadera. Citando a los recordados Mons. Pere Tena y Mn. Pere Farnés, insistió en la urgencia de no separar nunca la ritualidad y la fe.

El profesor José María de Miguel se encargó de presentar al primer ponente, Dr. Emilio J. Justo Domínguez, quién en clave teológica expuso la necesidad de la corporeidad y de la gestualidad en la liturgia como consecuencia lógica y necesaria de la Encarnación del Verbo y de la corporeidad gloriosa de Cristo Resucitado.

En la segunda ponencia de estas Jornadas el Dr. Guillermo Juan Morado, expuso su visión sobre Fe y ritualidad, en la que resaltó la importancia de la actuación de los sentidos. Ver, tocar y gustar como camino abonado para suscitar una imaginación que nos haga participar ya aquí y ahora de la realidad futura, a modo de lo experimentado por los apóstoles en la Transfiguración del Señor.

En el campo de la sacramentalidad, el Dr. Alberto Berlanga, comentando el Ritual de los Exorcismos, insistió en la necesidad del gesto simbólico como instrumento de salvación, y factor de sanación. La prestación de la entera personalidad del  ministro puesto a disposición del acontecimiento realiza plenamente aquello que el gesto significa.

Finalmente y como colofón de las Jornadas, la presencia de D. Pablo Moreno, director de cine y de D. Juan Carlos Sánchez Gómez, rector del Seminario de Ciudad Rodrigo, nos deleitaron con sus explicaciones en las que nos demostraron que el lenguaje del teatro y del cine y sus recursos metodológicos pueden ser de gran ayuda para hacer vivir a la asamblea litúrgica el Misterio de Cristo.

Todas esas ponencias fueron seguidas de diálogos llenos de vivacidad y de preguntas que suscitaron nuevo interés de los presentes. Hay que mencionar también los tres seminarios de reflexión sobre cuestiones más concretas, que fueron los siguientes: el primero sobre el silencio, dirigido por D. Antonio Lara; el segundo sobre las rúbricas, conducido por D. Adolfo Ivorra; y el tercero moderado por D. Francisco Raya sobre la Ambientación del espacio litúrgico.

Por último debo reseñar que al término de la segunda Jornada se reunió la Asamblea General Extraordinaria de la Asociación, que este año tenía como cometido principal la renovación, a través de las elecciones, de todos los cargos de la Junta Directiva. Después de unas breves informaciones, en las que se dio cuenta, entre otras cosas, de la incorporación de tres nuevos miembros y de una baja por defunción, se informó, como es preceptivo, del estado de cuentas que muestra una economía equilibrada. Mereció la atención de la Asamblea la presentación que se hizo de la página web, con la petición expresa e insistente de que todos los miembros de la Asociación debemos ayudar a que la página esté viva, aportando estudios, noticias y comunicaciones. Se tomó nota de la petición que en alguna jornada o sesión de estudio se aborde la formación para la utilización fructuosa de las nuevas tecnologías. Y se decidió por votación el tema a tratar en las próximas Jornadas, a celebrar el próximo agosto de 2020, en la Casa Santa Elena de Solius (Girona): El Misal Romano, a los 50 años de su promulgación.

Tras las respectivas votaciones quedó renovada la Junta directiva. Después de agradecer a José Antonio Goñi su incansable trabajo como miembro de la Junta, que deja su cargo de Vocal de Publicaciones, la Asamblea renovó su confianza al Presidente de la misma, el Dr. D. Jaume González Padrós, y a los vocales, Emilio Vicente de Paz y Raúl García Herráez, incorporando a Joan Obach Baurier, como nuevo Vocal de Publicaciones.

La celebración eucarística, en la memoria del Martirio de San Juan Bautista, y la comida cerraron esta edición de las Jornadas de la Asociación Española de Profesores de Liturgia. Se hizo constar la felicitación y el agradecimiento a los organizadores, a los ponentes, a los participantes y a todos los que hicieron posible la feliz realización de este encuentro.

 

Joan Baburés i Noguer

XLIV Jornadas de la Asociación Española de Profesores de Liturgia

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El lenguaje no verbal en la liturgia

27 al 29 de agosto de 2019 Guadarrama
Centro de Congresos “Fray Luis de León” Paseo la Alameda, 39 28440 Guadarrama (Madrid)

P R O G R A M A

Martes, 27 de agosto

11:30 INAUGURACIÓN

PONENCIA: Punto de vista antropológico: “Corporalidad cristiana y experiencia
litúrgica” EMILIO J. JUSTO DOMÍNGUEZ

16:30 PONENCIA: Fe y ritualidad GUILLERMO JUAN MORADO Instituto Teológico de Vigo / ITC

18:00 SEMINARIOS DE TRABAJO:
Comunicaciones
1. El silencio (Antonio Lara)
2. Las rúbricas (Adolfo Ivorra)
3. La ambientación del espacio litúrgico (Francisco Raya)
20:00 VÍSPERAS Y EUCARISTÍA

Miércoles, 28 de agosto

8:30 LAUDES

10:00 PONENCIA: El gesto litúrgico: simbolismo y sacramentalidad ALFONSO BERLANGA GAONA

12:00 SEMINARIOS DE TRABAJO:
Diálogo

16,30 ASAMBLEA EXTRAORDINARIA DE LA AEPL

20,00 VÍSPERAS Y EUCARISTÍA

Jueves, 29 de agosto

8,30 LAUDES

10:00 PONENCIA: Dar vida al misterio de Cristo en la liturgia PABLO MORENO Director de Cine
Y JUAN CARLOS SÁNCHEZ

13,00 EUCARISTÍA

14,00 COMIDA Y CONCLUSIÓN DE LAS JORNADAS

 

 

 

 

XLIII Jornadas de la Asociación Española de Profesores de Liturgia

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Como es ya habitual, en los últimos días del mes de agosto han tenido lugar las Jornadas de la Asociación Española de Profesores de Liturgia en su cuadragésima tercera edición. Del 28 al 30 de agosto los miembros de la AEPL se congregaron en el Centro de Espiritualidad del Corazón de Jesús, de Valladolid, para reflexionar y dialogar con solidez teológica y entusiasmo cordial sobre La Prex eucharistica, momento cumbre de la Liturgia de la Iglesia en el que se renueva el sacrificio de la salvación y se unen el cielo y la tierra.

Las Jornadas dieron inicio la mañana del martes 28, memoria de san Agustín, maestro de la mistagogía litúrgica, con las palabras de acogida y presentación del Presidente de la Asociación. En su intervención, el Dr. Jaime González Padrós invitaba a los presentes a aprovechar estos días de modo distendido y fraternal a la vez que destacaba la relevancia del tema escogido para las Jornadas de este año.

Tras el acto de inauguración, tuvo lugar la primera de las ponencias con el título Marco histórico y teológico, a cargo de D. Manuel González López-Corps, profesor de la Universidad Eclesiástica san Dámaso de Madrid. Su intervención, fruto de una laboriosa aproximación a las hipótesis planteadas en las investigaciones y estudios de las fuentes litúrgicas más recientes, ponía de manifiesto nuestro desconocimiento acerca de la configuración de la Plegaria eucarística en los primeros siglos de la Iglesia. Con suma humildad, sabedor del carácter precario en el que se mueve la historiografía respecto a esta cuestión, el Dr. González López-Corps formulaba la posibilidad de que, en los primeros tres siglos del cristianismo, la Plegaria eucarística se asemejara a un prefacio carente de epíclesis y sin que se pronunciaran las palabras de Jesús en la Última Cena. Una Iglesia que se entiende permanentemente guiada por el Espíritu Santo no precisa de momentos de especial ruego de su intervención. Por otro lado, se trata de una Iglesia que interpreta el mandato del Señor en la Última Cena no como reproducción de sus palabras sino como realización de aquellos gestos en los que se plasmaban y consumaban sus palabras. En cualquier caso, para llegar a conclusiones más definitivas es preciso continuar sumergiéndose en el estudio de las fuentes.

Si la Iglesia respira por dos pulmones, por la tarde tuvimos la excepcional oportunidad de oxigenar nuestra fe gracias a los alvéolos del pulmón del Oriente Católico de la mano del Exarca Apostólico en Grecia S.E.R. Manuel Nin, que nos ofreció una ponencia sobre Las Plegarias eucarísticas orientales. Comenzaba subrayando la íntima vinculación existente entre los Padres y la Liturgia. Los tratados, las homilías e incluso las afirmaciones conciliares con el objetivo de evitar la herejía, hallan su contexto en la Liturgia. A continuación nos presentó con brevedad las tres familias anafóricas: alejandrina, antioquena y siro-oriental. El resto de su intervención se centro en la descripción de la Anáfora de Santiago, hermano del Señor, cuyo origen tiene como marco la Iglesia de Jerusalén. Se comprende, por ello, su evidente sabor judeo-cristiano, con referencias a personajes del Antiguo Testamento, a los salmos y también a los santos lugares.

Esta misma tarde, pudimos escuchar tres comunicaciones sobre cuyos contenidos el segundo día se formarían grupos de trabajo con el objetivo de permitir que los asistentes participaran más directamente ofreciendo sus reflexiones y observaciones. El Dr. Jordi Font disertó sobre las Raíces bíblicas de la Plegaría eucarística. El profesor Luis Rueda sobre la Plegaria en la Liturgia hispana. Y, por último, D. Pedro M. Merino, nos ofreció una pedagógica lección de carácter pastoral sobre el Uso de las plegarias del Misal romano.

La mañana del segundo día, memoria del martirio de san Juan Bautista, D. Aurelio García, miembro de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, nos deleitó con una conferencia sobre la Dimensión espiritual de la Plegaria eucarística. Con la metodología de la catequesis mistagógica de los Padres, nos fue adentrando en el sentido espiritual de los elementos que componen la Plegaria, de la que afirmó que debe ser el modelo de toda oración cristiana. Añadió que la Plegaria nos conforma a Cristo en su Misterio Pascual. En conclusión, el creyente encuentra en la Plegaria eucarística la expresión e inspiración de su vida toda.

Por la tarde de este segundo día, tras la Asamblea Ordinaria de la AEPL, realizamos una visita al Museo Nacional de Escultura, que reúne la más valiosa colección de escultura española. Y, a continuación, pudimos admirar la imagen de la Virgen de las Angustias en la Iglesia de las Angustias. Más allá del admirable valor artístico de las obras, pudimos empaparnos en las aguas de la honda espiritualidad que destilaban.

El jueves 30, último día de las Jornadas, nos dirigió su palabra el profesor Guiseppe Midili, carmelita calzado, docente del Pontificio Instituto Litúrgico “Sant’Anselmo” de Roma. Su ponencia se centró en la Dimensión celebrativa de la Plegaria eucarística y, por ello, presentaba un perfil señaladamente pastoral, que el orador condensó en el principio conciliar de la participación. En continuidad con la Constitución conciliar sobre la sagrada Liturgia, el padre Midili se preguntaba sobre la participación de los fieles en la Plegaria eucarística. Reflexionaba sobre las dificultades y el modo de facilitar esa participación sin que la Plegaria pierda su unidad.

Como no podía ser de otro modo, en el transcurso de estos días también dedicamos amplios espacios de tiempo a la oración, la celebración de la Liturgia de las Horas y de la Eucaristía. Terminábamos las Jornadas con la Eucaristía presidida por el Cardenal Arzobispo de Valladolid D. Ricardo Blázquez en el santuario de la Gran Promesa. Tal y como nuestro presidente hacia notar en su discurso de clausura, el ambiente distendido, agradable y fraternal han reinado durante estas Jornadas, lo cual hace de nuestra Asociación un signo de la vocación propia de la Iglesia, llamada por el Señor a conformar su cuerpo místico.

 

Antonio Astigarraga Mateos

ELOGIO DEL MAESTRO EN LITURGIA

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Desde los comienzos de la vida de la Iglesia, las personas capaces de enseñar, de transmitir los contenidos fundamentales de la fe fueron tenidas en gran estima.

Esta valoración eclesial tan positiva no tiene nada de extraño. No olvidemos que Jesús es llamado muchas veces «maestro», y él mismo afirma que lo es en efecto (cf. Jn 13, 13). Y que la misión encargada a los apóstoles consiste, fundamentalmente, en un envío a predicar, es decir, a comunicar la verdad a fin de que sea creída por los oyentes. El apóstol, pues, aunque tiene una viva conciencia de que no será nunca maestro (cf. Mt 23, 8), sí que debe ejercer esta función de enseñar lo que él mismo ha recibido. San Pablo lo expresa muy claramente a su discípulo Timoteo: «este es un testimonio dado a su debido tiempo, y para el que fui constituido heraldo y apóstol…, maestro de las naciones en la fe y la verdad» (1 Tm 2,6b-7), y lo repite en la segunda carta: «De este evangelio fui constituido heraldo, apóstol y maestro» (2 Tm 1, 11). Es lo que también exhorta a hacer a sus colaboradores: que enseñen la sana doctrina.

Tanto es así, que el apóstol de los gentiles al hablar de los que gobiernan las comunidades, afirma: «Los presbíteros que presiden bien son dignos de doble honor, principalmente los que se afanan en la predicación y en la enseñanza» (1 Tm 5, 17).

Y si vamos más allá, hacia nuestro campo propio de la liturgia, nos encontramos que esta gran valoración del que enseña a los demás los tesoros de vida divina, llega hasta el concilio Vaticano II. En el número 19 de la Constitución litúrgica leemos que una de las funciones principales del «dispensador de los misterios de Dios» es precisamente fomentar con diligencia y paciencia la educación litúrgica y la participación activa. Es decir, en perfecta sintonía con lo que decía san Pablo a su discípulo, según el Concilio queda claro que una de las misiones más importantes del ejercicio pastoral es la de la educación litúrgica del pueblo de Dios.

Por lo tanto, desde estas líneas, y pensando en todos mis colegas, quiero hacer el elogio – en estos tiempos tan poco propicios para algo similar – de quienes se dedican a enseñar – profesor o maestro – la sagrada liturgia, y a rendir un doble honor de parte del apóstol a quien le dedica esfuerzos con ciencia y fidelidad.

Jaume González Padrós